lunes, 9 de septiembre de 2013

Discriminación y reivindicación de la mujer en "La Muñeca menor" de Rosario Ferré



El cuento comienza relatando la desgracia de una tía, resignada a vivir sin poder moverse debido a un suceso que le ocurrió en su juventud, del cual un médico oportunista tomó provecho para lucrarse. Un día, mientras ella se bañaba en el río,  una chágara le mordió la pierna. La herida nunca cerró y el médico diagnosticó que el parásito se había alojado en la extremidad. El tratamiento era inútil y ella llegó a su madurez con una pierna destrozada que la llevó a vivir con la ausencia de una completa movilidad, de ahí que se dedicó a confeccionar muñecas para sus sobrinas. Más adelante llegó el momento en que las muñecas se convirtieron en obras impresionantes, muy complejas y hermosas. Cada año, la tía le regalaba a cada una de sus sobrinas una muñeca, aumentándolas de tamaño de modo que correspondiesen al tamaño de las niñas. Así lo hacía hasta el día del casamiento de alguna de sus sobrinas. El día del casamiento, la tía les regalaba su última muñeca.
Un elemento primordial que se establece en la narración, es aquello que representa la necesidad de la existencia de un linaje y de una comunidad femenina, al interior de la sociedad moderna, condiciones que brillan por su ausencia en el universo de la ficción tradicional y en la estructura de toda sociedad patriarcal. O sea, pese a que la tía solterona fue una vez hermosa, evita el matrimonio y elige una vida solitaria entre sus sobrinas, al perder durante su juventud la belleza por culpa de una chágara que se queda parasitando en su pierna “…una chágara viciosa. (…) se había introducido dentro de la carne blanda (…), donde había evidentemente comenzado a engordar. (…) enroscada dentro de la gruta de su pantorrilla” (Ferré, 180).
En primer lugar y para poder entender la actitud de la tía al auto-confinarse al aislamiento, es importante racionalizar respecto a algunas críticas que se han realizado con relación a los roles de la mujer y a su emancipación. Por ende y de acuerdo a lo que presenta Manuel de la Revilla en su artículo La emancipación de la mujer, este expone el grado de desigualdad de los sexos, la herencia, la adaptación, la selección natural y el medio ambiente; así como las fuerzas y factores relevantes, merced de las cuales cada individuo viene a la vida destinado fatalmente a cumplir una determinada función. De esto no se libran de forma alguna los sexos, creados por la naturaleza para hacer posibles las formas superiores de la reproducción de la especie. El destino de ambos sexos es tan diverso como su organización. Hablar, por lo tanto de igualdad, tratándose de hombres y de mujeres, es dar prueba de desconocer por completo las leyes de la naturaleza (451).               
Por un lado, en el cuento se presenta como una sátira de la aceptación y perpetuación del rol social impuesto por los hombres a las mujeres, a través de la inmovilidad y el mutismo de los personajes femeninos; por otro lado, la narración se concentra en un ataque sin compromisos en contra de los valores masculinos que causan, promueven y refuerzan el comportamiento pasivo y sumiso de la mujer. En consecuencia, este tipo de ataque se ejecuta usando y asumiendo los efectos de la imposición patriarcal: el silencio. Obviamente que la estrategia transgresora del relato es lo fantástico, lo cual juega un papel fundamental en el cuento. En consecuencia, la inmovilidad de la tía y de la sobrina, han sido causadas por dos médicos, primero por el padre y luego por el hijo, siendo este último a la vez, el esposo de la sobrina. En primer lugar, está la avaricia del doctor que se niega a curar a la tía. Los motivos son muy obvios, siendo el lucro la razón que el medico tiene y por ende, la posibilidad de subyugación de la tía. Además, en el caso de la sobrina menor, la inmovilidad se debe a la actitud del joven doctor, su marido, quien:
…se la llevó a vivir al pueblo, a una casa encuadrada dentro de un bloque de cemento. La obligaba todos los días a sentarse en el balcón, para que los que pasaban por la calle supiesen que él se había casado en sociedad. Inmóvil dentro de su cubo de calor, la menor comenzó a sospechar que su marido no sólo tenía el perfil de silueta de papel sino también el alma (Ferré, 183).
La tía y las sobrinas son mujeres que aun cuando pertenecen a la aristocracia, por diversas circunstancias han ido perdiendo su patrimonio. Prueba de ello es cuando ambas pierden su casa y sus pertenencias lujosas: “Por aquella época la familia vivía rodeada de un pasado que dejaba desintegrar a su alrededor con la misma impasible musicalidad con que la lámpara de cristal del comedor se desgranaba a pedazos sobre el mantel raido de la mesa” (Ferré, 180). Los miembros de esa familia perteneciente a la “extinta aristocracia cañera” (Ferré, 185). Es decir, ellas ya no poseen la fortuna y solamente les queda la posición social, sin embargo, es una familia que está compuesta sólo por mujeres. Este hecho ya es un modelo de subversión del orden social establecido. Sin embargo, al mismo tiempo las dos mujeres se encuentran bajo la dominación de los dos médicos que manipulan sus vidas.  Por otra parte, ambos doctores, padre e hijo, representan a la clase media emergente, pero a costa de estas pobres mujeres que son abusadas económicamente y psicológicamente por ellos.
Esta condición coloca a los hombres en una posición de poder y a las mujeres en una posición subalterna, lo cual no lo puede cambiar ni la herencia de orden materno, ni la jerarquía femenina que se establece entre ambas mujeres.  Por consiguiente, la representación de este tipo de relación de clases sociales en la narración, juega un papel complementario, sin embargo, es importante debido a que a través de las actitudes de los dos médicos, se pueden entender a cabalidad las intenciones de subyugación, aprovechamiento y abuso de poder que representan los hombres en el cuento. Por otra parte, está representada en el cuento la ideología del discurso masculino dominante, a través del lenguaje de lo fantástico. El uso de elementos sobrenaturales es otro elemento que apunta a ese doble juego: por una parte, se presenta la aceptación y continuidad de los roles sociales impuestos sobre las mujeres: un encierro en el espacio íntimo de la casa, la pasividad con que las mujeres aceptan su condición y el silencio por parte de ellas; debido a que por muchos años la tía no se revela ante tal opresión y posteriormente la sobrina asume su condición por otro buen periodo de tiempo. Sin embargo, los personajes femeninos logran despertarse de esa catarsis y acaban utilizando los instrumentos de sumisión en contra de los causantes de su postración, a través de la metamorfosis final.
Esta transformación de la sobrina en muñeca, tiene un doble significado. Por una parte representa la aceptación e interiorización del papel social impuesto; y por otra parte, esa subyugación impuesta y asumida, se convierte en un elemento de liberación y venganza que se vuelve en contra del represor. El otro elemento extraordinario del relato, la chágara que se aloja en la pierna de la tía y se convierte en el parásito inmovilizador, tiene una significación doble que claramente simboliza la paralización social de la mujer; sin embargo, la tía utiliza además este instrumento de subyugación para crear su venganza a través de las muñecas.
De acuerdo a lo planteado por Concepción Arenal, se puede decir que la tía, por ejemplo, quiere transformar su dependencia en independencia, dejando de ser una mujer de su casa, dedicada a crear muñecas, para convertirse en una “mujer fuerte”. También, concuerdan con estas actitudes otras críticas como las de Sáiz de Otero, quién pretende la dignificación de la mujer por medio de la educación. Además, para Pardo Bazán, las cadenas de la esclavitud femenina se romperán en cuanto la mujer deje de pensarse en relación al hombre y a la familia, renazca como un ser autónomo y adquiera independencia económica.
Pero veamos de forma concreta y detallada como funciona esta doble estrategia del cuento. Primero, la aceptación e interiorización de los papeles impuestos, en donde las mujeres han internalizado los arquetipos hasta el punto que se transforman en los agentes que los perpetúan, es decir, son ellas mismas las que permiten que continúe la fragmentación y la rigidez en los papeles que deben representar, al aceptar los valores culturales como algo intrínseco de la naturaleza de la mujer. Éstas, por lo tanto, son víctimas de la organización social, que no les permite expresar ciertos aspectos de su personalidad ni desarrollar una variedad de talentos y habilidades. (p.733)
Efectivamente, parece que tanto la tía como la sobrina menor han aceptado e interiorizado los valores culturales patriarcales que las condenan a la subyugación y al silencio: ni la tía cuestiona su condena a la inmovilidad, ni la sobrina se rebela en contra de su situación, es decir, aquella que la lleva a ser exhibida en el balcón como si fuera un objeto. Es más, la tía escucha la conversación entre el padre y el hijo, quienes en un momento revelan la posibilidad de que la situación del parásito, la chágara, podría haber sido extraída oportunamente, pero que sin embargo, fue utilizada como una alternativa para sacarle dinero a la tía y así enriquecerse:
El joven levantó el volante de la falda almidonada y se quedó mirando aquella inmensa vejiga abotagada que manaba una esperma perfumada por la punta de sus escamas verdes. Sacó su estetoscopio y la auscultó cuidadosamente. La tía pensó que auscultaba la respiración de la chágara para verificar si todavía estaba viva, y cogiéndole la mano con cariño se la puso sobre un lugar determinado para que palpara el movimiento constante de las antenas. El joven dejó caer la falda y miró fijamente al padre. Usted hubiese podido haber curado esto en sus comienzos, le dijo. Es cierto, contestó el padre, pero yo sólo quería que vinieras a ver la chágara que te había pagado los estudios durante veinte años (Ferré, 183).
Sin embargo, la tía no reacciona ante tal revelación y tampoco la sobrina se rebela ante su exposición pública en el balcón. Tal es así que el silencio y la pasividad de las dos mujeres no denota únicamente la aceptación de su condición, sino que son usados como elementos de cuestionamiento, rebelión y venganza en contra de los códigos culturales masculinos, a través de la transformación final.
Los años pasan y el parecido entre muñeca y sobrina se va acrecentando en la misma medida en que el marido va aumentando su fortuna (de nuevo la obsesión de enriquecimiento y el poder de ascender socialmente).  “La sobrina menor continúa sentada en el balcón, inmóvil entre sus gasas y encajes, siempre con los ojos bajos” (Ferré, 194). Esta identificación entre mujer y muñeca aumenta de tal manera que:
Una sola cosa perturbaba la felicidad del médico. Notaba que mientras él se iba poniendo viejo, la menor guardaba la misma piel aporcelanada y dura que tenía cuando la iba a visitar a la casa del cañaveral. Una noche decidió entrar en su habitación para observarla durmiendo. Notó que su pecho no se movía. Colocó delicadamente el estetoscopio sobre su corazón y oyó un lejano rumor de agua. Entonces la muñeca levantó los párpados y por las cuencas vacías de los ojos comenzaron a salir las antenas furibundas de las chágaras (Ferré, 194).
La transformación final de la sobrina en muñeca representa, efectivamente, la aceptación de la subyugación y el que se les vea como objeto y no como una persona que piensa y siente. La situación a la que se ven sometidas las mujeres, no se manifiesta solo como una forma de rebeldía y transgresión, sino que es usada como una condición para llevar a cabo su venganza. La chágara, que inicialmente sirve al padre (primer doctor) para explotar a la tía, ahora se vuelve en contra del joven doctor. Las mujeres que están condenadas al encierro en su espacio natural, la casa, que son simples instrumentos de reproducción (creación de muñecas como forma de maternidad) y de exhibición pública, se rebelan usando esa deshumanización como arma en contra de sus opresores. En este sentido, el silencio y la pasividad de la tía y de la sobrina menor, a lo largo del cuentom cobran al final un significado diferente: no son simples significantes de la interiorización y aceptación de la imposición ejercida sobre ellas, sino también de su proceso emancipador.
La avaricia y mezquindad del joven doctor, como antes la de su padre, se rebelan contra él. Su objeto de deseo acaba siendo devorado por los cangrejos, como la muñeca por las hormigas. En este sentido, la naturaleza juega un papel central en la significación metafórica del cuento. El primer hecho extraordinario (la chágara en la pierna) está relacionado con la tía y es la causa de su inmovilidad y encierro. Al renunciar al matrimonio, la tía compensa su incapacidad de reproducción con la elaboración de muñecas, cuyos ojos son el único instrumento para evitar los ataques de la naturaleza y para no convertirse en víctimas de los hombres, como ocurrió con ella. Sin embargo, los hombres arrancan los ojos de las mujeres/muñecas, tal es el caso del marido que saca los ojos de la muñeca para empeñarlos por un lujoso reloj.
Finalmente, la sobrina acaba transformándose en muñeca, invadida y devorada por las chágaras. Ésta es su condena, pero al mismo tiempo su venganza y su nuevo lenguaje de liberación. El objeto perfecto, bello, de porcelana y de exhibición (visión masculina de la mujer/muñeca), se convierte en monstruo hueco, vacío y furibundo (visión metafórica del nuevo código que invierte y transgrede el viejo discurso patriarcal), que se rebela y perturba la felicidad del hombre. Felicidad construida, precisamente, a partir de esa deshumanización. La mujer-objeto deviene fuerza de la naturaleza, como pretende el discurso patriarcal, pero esa naturaleza no reproduce niños sino muñecas y cangrejos agresivos.
En el cuento La muñeca menor de Rosario Ferré, el propósito de una literatura fantástica es proporcionar un orden que sustituya al caos de la existencia: el orden estético del relato o del cuento. Por ende, provoca desconfianza ya que por ser ésta una reacción emotiva, se espera encontrar la mezcla de la realidad con la irrealidad provocada por la “chágara”. Un hecho que tiene doble explicación: la explicación que surge bajo la influencia del parásito, y la que surge sin ella. Situación en la cual Ferré incorpora conscientemente esta dualidad. Las primeras líneas en la introducción textual ofrece dos mundos: el mundo externo donde se mueve lo cotidiano, y el mundo interno donde ha de ocurrir el hecho insólito. Por lo tanto, la narración entrega una nueva libertad; en ella se puede examinar con detenimiento y sin sufrir represalias, el reverso del mundo patriarcal que ha impuesto su caos en la existencia de la mujer.  La sociedad es y será siempre desigual; la armonía absoluta es una ilusión, por lo que es necesario hacer de la vida un mundo, una realidad más amable.               

Patricia Carrasco

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